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Mar del Plata y la creciente motorización

octubre de 2018

(4.486 c.)

Uno de los aspectos más importantes para el desarrollo y la calidad de vida urbana, es el relativo a la dinámica de traslado de los ciudadanos. Como señala la CEPAL, las infraestructuras vinculadas a la movilidad urbana adquieren un carácter central para incentivar el desarrollo económico y social en cuanto permiten el desplazamiento tanto de personas como mercancías. 

De este modo, la facilidad para trasladarse en el marco de las ciudades promueve el comercio y la producción, al mismo tiempo que contribuye a mejorar los estándares de vida de la población, acercándolos a la asistencia sanitaria, las instituciones educativas, la oferta cultural, los espacios de recreación, los servicios sociales, y los mercados.

Según estadísticas de la Asociación de Fábricas Argentinas de Componentes, en 2016 había 12,5 millones de vehículos en las calles argentinas, con más de 3,5 habitantes por unidad. El 38% de esos vehículos están radicados en la Provincia de Buenos Aires.

En ese sentido, se evidencia el exponencial y preocupante crecimiento de la “motorización”. Esta tendencia no sólo produce graves problemas de congestión y tráfico en las ciudades, sino también contaminación del medio ambiente fruto de la emisión de gases, el aumento en el consumo de combustibles, y el incremento en la tasa de accidentes viales, entre otras consecuencias negativas para la calidad de vida. 

Según los datos de la Encuesta de Percepción Ciudadana (EPC) de 2015, realizada por la organización “Mar del Plata Entre Todos”, el 43,3% de los marplatenses utiliza el auto como medio de transporte para desplazarse habitualmente en la ciudad, mientras que el 38%, utiliza el ómnibus. Ambos medios representan el 81,3% del transporte habitual de Mar del Plata, dejando a las motos (4,4%), taxis (3,3%) y bicicletas (2,8%) bastante relegadas. Por otra parte, sólo el 8% recurre al desplazamiento a pie para moverse por la ciudad. 

El automóvil fue el medio de transporte que más creció en Mar del Plata, con un 7,6% de incremento en su utilización durante el período 2012-2015. Por el contrario, el uso del ómnibus decreció en un 5% en el período reseñado. El taxi también registró un aumento en su utilización, pasando de 2% a 3,3%, mientras la moto registró una leve disminución, pasando del 4,6% al 4,4%, y la bici, cayó significativamente de 5,9% a 2,8%.

De esta forma, las tendencias descriptas dan cuenta del marcado proceso de motorización que se registra en General Pueyrredon, tendencia que parece venir creciendo a expensas de una disminución en el uso del transporte público urbano.

En 2015 se registraban 366.287 automóviles en el partido, lo que implicó un aumento de 74.443 autos en relación a 2011. Estas estadísticas dan cuenta de un preocupante ritmo de crecimiento del parque automotor en Mar del Plata: 5,8% anual o, en términos más gráficos, un ritmo de 50 nuevos autos por día.

Hablamos así de aproximadamente 1,67 habitantes por automóvil, una tasa de motorización que supera holgadamente el promedio registrado a nivel nacional (3,5 habitantes por automóvil).

En este marco, no debería llamar la atención entonces que, según la “Encuesta sobre las preocupaciones de los marplatenses” de la Universidad FASTA, para el 34% de los residentes el tránsito es el principal problema de la ciudad, y que el 84% de los marplatenses califica al tránsito de la ciudad como “caótico”.

La creciente motorización, con su correlato de tránsito y congestión, tiene sin dudas un impacto negativo sobre la calidad de vida de los habitantes de la ciudad, y no sólo para los que se trasladan en vehículos particulares sino también para los que viajan en transporte público, e incluso para los peatones. 

Las soluciones deben ser pensadas de forma integral y desde una perspectiva estratégica que no sólo atienda las coyunturas, sino que contemple el mediano y largo plazo. 

Es necesario revertir la tendencia a la motorización a favor de conceptos de movilidad más sostenibles. En este marco, y más allá de la mejora en la calidad, seguridad, alcance e interconectividad del transporte público, y la inversión en infraestructura y señalética vial para optimizar el flujo de tránsito, es necesario avanzar en políticas de intervención del espacio urbano que desincentiven el uso de vehículos particulares en las zonas de mayor congestión, como la infraestructura para bicis o zonas exclusivas de movilidad peatonal en la ciudad (es decir sin tráfico de automóviles o motocicletas), entre tantas otras propuestas.



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