Skip to main content

Tecnología y virtualidad

noviembre de 2020

La pandemia nos puso por delante demasiadas tensiones. Una de ellas es la que se produjo entre la tecnología y la virtualidad. La primera, claramente, es la aplicación de un conjunto de habilidades con el objetivo de permitir que el ser humano solucione algo que está planteado en términos de problema. Para ser más concreto la invención de la rueda con su eje disparó un sin número de avances en la civilización, por caso. Ahora bien, la virtualidad es otra cosa. En filosofía se dice que virtual es aquello que existe en potencia pero no en el acto. Acercándonos más al tema que nos compete, la virtualidad es tener el efecto sin haberlo producido de presente.

Así, por ejemplo, una compra en un supermercado virtual nos permite recibir los productos que escogimos en las góndolas sin habernos trasladado hasta el lugar, con mayor o menor grado de sensaciones en el acto (fotos, video, etc.)

Nuestra confusión se origina, como sociedad que habita en el mundo actual, en pensar que la tecnología de la información (IT, NTICX o como se la quiera llamar) a la que simplemente llamamos “tecnología” nos va a ofrecer un mundo virtual por su sola existencia.

Pensemos un momento en lo que significa asistir presencialmente a un banco, ir a la escuela, hacer las compras, salir a comer a un restaurant. En épocas de COVID 19 estas acciones parecen estar vedadas.

Shoppings, cafeterías, casas de deportes, han sufrido importantes mermas de flujo de ventas y han recurrido a la tecnología tratando de encontrar la virtualidad de sus servicios. Pero la cosa no es tan sencilla.

En las áreas de gobierno, indistintamente del color político que las ejerza, y del nivel de gestión (Nacional, Provincial y Municipal) hemos visto como hubo que reconvertir estructuras, funcionarios y ciudadanos para que todos podamos ejercer un poco de esa ciudadanía, constituida por derechos y responsabilidades como parte integrante de la sociedad.

Los gobiernos de los distintos niveles tuvieron que trabajar codo a codo para integrar los sistemas de información sanitaria, por ejemplo, o los beneficios sociales, o las asistencias para evitar que el ciudadano se traslade. Todo ello lleva consigo un costo oportunidad en términos económicos, de horas hombre, de recursos físicos, conectividad y capacitación que los argentinos en particular hemos demostrado recorrer en tiempos muy cortos, dando cuentas de nuestra eterna capacidad adaptativa.

Solemos pensar que somos una sociedad egoísta que se mira el ombligo, pero todos los que tengan la posibilidad de leer esta opinión, junto con estas líneas, tendrán algún ejemplo para contar de cómo vieron o asistieron a una persona mayor con sus compras, o yendo al cajero, o colaborando con personas de riesgo en cualquier otro aspecto. Muchos de nosotros tuvimos la suerte de ver como empresas privadas donaron esfuerzo, recursos y dinero a los distintos gobiernos u organizaciones. Son tiempos de crisis y las conductas nobles le ganaron por goleada a las mezquinas.

La virtualidad nos pide que seamos conscientes de las limitaciones: no todo se puede hacer en el mundo virtual. Mucho de lo que pretendemos aún no se desarrolló. Los gobiernos y las empresas privadas deben entender que las inversiones en I+D y Economía del conocimiento deberán ser mayores y con mejores planificaciones de aquí en adelante.

Las modalidades de contratación laboral exigen nuevas métricas del trabajo. Los sindicatos deben colaborar para cimentar este nuevo modelo que llega para quedarse. Los beneficiarios casuales de la ventaja del teletrabajo deben comprometerse ampliamente con los resultados. Lo que no se programe en este sentido está condenado al fracaso.

La sinergia público privada, las acciones de trabajo consensuadas con cooperativas, entidades educativas, fundaciones y ongs serán (ya lo son) la clave del avance y recuperación en términos económicos y sociales.

Hemos recorrido mucho camino, un poco presionados, un poco a los tumbos, en estos doscientos días largos de confinamiento. Hay mucho más por recorrer en el universo de la tecnología y la virtualidad, que no están en veredas opuestas ni son sinónimos; se trata de conceptos complementarios que se presentan como el vehículo motor de una nueva sociedad de la que tenemos el orgullo de ser protagonistas.