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Tecnologías de Energía Renovable para la Inclusión Social

julio de 2020

La humanidad enfrenta el desafío de reducir los impactos y riesgos ambientales derivados de sus prácticas. Para lograrlo, deberá encontrar la manera de abordar procesos de transformación socio-ecológicas de manera de reorganizar estas sociedades de diferente manera. La urbanización rápida y poco planificada en las últimas décadas ha generado cordones de pobreza en los que, a las preocupaciones sociales y ambientales, se suma en estos días la elevada vulnerabilidad de sus habitantes a los efectos de una pandemia. Las transiciones hacia la sustentabilidad de los sistemas requieren por esto enfrentar desafíos de las sociedades actuales armonizando la integridad ecológica con la viabilidad y el desarrollo social. Las aproximaciones integrales tienen el potencial de conectar actores fragmentados en diferentes niveles y a lo largo de las múltiples fases del proceso de transformación.

Las tecnologías tienen un rol central en los procesos de cambio social. Demarcan posiciones y conductas de los actores; condicionan estructuras de distribución, costos de producción, acceso a bienes y servicios; generan o resuelven problemas sociales y ambientales. Las tecnologías son construcciones sociales tanto como las sociedades son construcciones tecnológicas. Se define en este sentido a las tecnologías de inclusión social como “el diseño, desarrollo, implementación y gestión de tecnologías orientadas a resolver problemas sociales y ambientales, generando dinámicas sociales y económicas de inclusión social y de desarrollo sustentable”. La apropiación de los conocimientos, el involucramiento y la coordinación de acciones con la comunidad permiten que estas tecnologías se transformen en efectivas soluciones de transformación social.

Tecnologías de Energías Renovables, una oportunidad para el sector rural

En Argentina, al igual que en el resto de América Latina, la ruralidad está íntimamente vinculada a escasas oportunidades de desarrollo económico y marginación. Los hogares rurales enfrentan acceso desigual a infraestructura y servicios básicos tales como educación, salud, transporte y energía. La falta o inestabilidad en la provisión energía es un factor central de la marginación rural y junto a la baja oferta de empleos, son las principales causas del éxodo rural.

De acuerdo al último censo, en Argentina existen más de 2500 comunidades rurales donde habita el 10% del total de la población (INDEC 2010). Aunque el grado de electrificación rural en la región es alto (85%), alrededor de 1 millón de personas aún carece de acceso a servicios eléctricos. Más aún, la red eléctrica rural existente se ha tornado cada vez más inestable, siendo los picos de tensión y las interrupciones en el servicio cada vez más frecuentes. El alto costo que representan los combustibles fósiles (tanto líquidos como gaseosos) en hogares remotos hace de los combustibles sólidos (principalmente leña) la principal fuente de energía doméstica. La combustión permanente de leña no sólo impacta negativamente en la salud de población (e.g. produciendo enfermedades pulmonares) y en el ambiente (e.g. promoviendo la deforestación) sino que además afecta asimétricamente a mujeres y niños, quienes permanecen durante más tiempo en sus hogares, mientras que los hombres destinan gran parte de su tiempo a las labores rurales. Algunas estrategias adoptadas en este sentido por los gobiernos han sido la introducción de políticas de subsidio al consumo del gas envasado (GLP en garrafas) con la consecuente consolidación y expansión de infraestructura para la distribución de combustibles fósiles y su patrón de consumo.

 Las tecnologías de energías renovables son consideradas particularmente apropiadas para abordar los problemas de marginación de poblaciones rurales, representando potenciales tecnologías de inclusión social. Estas pueden ser aplicadas para proveer energía descentralizada utilizando recursos renovables locales mediante el diseño de soluciones a pequeña y mediana escala que se ajustan mejor a las condiciones de los hogares y las comunidades rurales. Dada su naturaleza local y distribuida, los conceptos de energía descentralizada abren la oportunidad de una mayor participación y compromiso de los ciudadanos en la transformación y manejo de sus sistemas de energía. La inclusión de las comunidades y grupos sociales dependerá en gran medida de la capacidad local de generación de soluciones tecno-productivas tanto adecuadas como eficaces.  

Biogás en Los Pinos, una experiencia de ciencia transformativa

Los Pinos (Balcarce) es un pueblo rural de poco más de 300 habitantes que al igual que otros pueblos rurales, sufre dificultades de acceso a la energía y problemas de contaminación originados por actividades agrícola-ganaderas cercanas al ejido urbano. Un equipo transdisciplinario formado por profesionales de la Universidad Nacional de Mar del Plata, INTA y CONICET, representantes del gobierno local y miembros de la comunidad, desarrollamos un proyecto para la construcción de una Unidad Demostrativa de producción de Biogás. La producción de biogás es considerada una de las tecnologías más limpias y eficientes en términos socio-económicos. La operación de la planta permitirá transformar residuos contaminantes en energía en forma de biogás, que será distribuido a la comunidad mediante una mini-red, para su uso doméstico. Tanto la operación como el mantenimiento y la administración de la planta serán llevados adelante por la propia comunidad en un marco de trabajo asociativo, para lo cual se constituyó una Cooperativa de vecinos (Cooperativa de servicios y consumo Los Pinos). Además de demostrar los múltiples beneficios de la tecnología, el proyecto pretende reunir evidencias de cómo intervenciones rurales energéticas efectivamente afectan las dinámicas de desarrollo de la comunidad más allá de la dimensión de acceso a la energía. Las acciones del proyecto se llevan adelante como una experiencia de aprendizaje mutuo donde los diferentes actores aportan y negocian sus conocimientos, con un abordaje integral de los problemas socio-ambientales que enfrenta la comunidad. De esta manera, la experiencia puede ser encuadrada en la reciente definición de ciencia transformativa, donde un tipo específico de ciencia no sólo observa y describe un proceso de transformación social, sino que lo inicia y cataliza. De esta manera es posible disolver la separación que existe entre conocimiento y experiencia, transformándola en una perspectiva más pragmática de investigación conjunta, aprendizaje y cambio.

En conclusión, la sociedad requiere de procesos de transformación socio-ecológica que le permitan reducir los impactos y riesgos ambientales de sus prácticas, así como disminuir su vulnerabilidad. Para esto, las tecnologías de inclusión social pueden aportar soluciones efectivas. Nuestra experiencia en los Pinos es un ejemplo de ciencia transformativa, donde la ciencia inicia y moviliza la transformación, pero esa transformación es posible sólo si existe una fuerte sinergia entre academia, gobierno y comunidad. En este contexto, construir un nuevo contrato entre la ciencia y la sociedad sigue siendo un desafío que el sistema científico deberá enfrentar en el futuro inmediato.